El espejismo del talento

Es cierto que existen personas más talentosas que otras en muchas áreas, así como cada uno de nosotros cuenta con más habilidades en ciertas dimensiones que en otras. Cuando pensamos en gente con talento probablemente nos imaginamos a figuras consagradas que han marcado la historia y que por su obra y legado son ejemplos a seguir.

Muchas empresas se esmeran cada día por atraer a los talentos correctos a sus filas para con estas personas poder marcar la diferencia o lograr llegar más lejos. También, existen diversas estrategias que persiguen retener a dichos talentos para que no sean cautivados por los cantos de sirenas que pueden venir de la competencia, lo que podría significar una importante pérdida en lo que muchos dicen es su principal activo: las personas.

Sin embargo, el talento ha tenido una sobrevaloración que generalmente pasa desapercibida por la obviedad que resulta pensar en que una persona talentosa es un aporte en sí a cualquier organización, cosa que no es realmente así.

Si pensamos que todas las personas tenemos habilidades y destrezas en diversas materias, quiere decir que cada uno de nosotros cuenta con talento potencial que poner en práctica, sin embargo, esta potencialidad no nos convierte en brillantes ni en un aporte sin igual, pues falta una pieza clave: el trabajo constante y disciplinado hacia un propósito claro.

Cuando uno revisa la historia de aquellas personalidades talentosas que transformaron su entorno, época o historia, no siempre encontramos el prototipo que muchas organizaciones actualmente buscan con ansias, sino que poseían ciertas piezas que puestas juntas resultan en algo mucho más poderoso; a saber, un sentido de propósito y la determinación total de trabajar cada día para que las cosas pasen como ellos las soñaban.

El talento es importante, pero no es suficiente si no se acompaña del compromiso y la disciplina de trabajar cada día de forma activa para que las potencialidades se conviertan en realidades indiscutibles, y eso no siempre se encuentra porque las personas (y empresas) se encuentran encantadas por el espejismo del mero talento. Así, se vuelve más valioso aquel que brinda resultados reales por medio del trabajo permanente, que el que requiere de la iluminación de un instante para que su talento pueda brotar.

Los buenos resultados en el tiempo no son obra de la inspiración, sino del hábito que da la disciplina en un trabajo. Algo que estés dispuesto a hacer cada día con total entrega.

Si estás pensando en convertirte en alguien talentoso, quizás sea bueno considerar en ser alguien verdaderamente valioso, es decir, alguien que sabe hacer realidad las ideas y tienen la capacidad de llevarlas hasta su realización. Aquel que tiene el hábito de crear y crecer, y que puede encontrar respuestas los días que la inspiración no lo acompaña, porque ha aprendido a trabajar sin ella, y es capaz de potenciarse cuando ésta aparece.

Que el talento sea el acompañante perfecto del trabajo disciplinado, para que así podamos encontrar un resultado extraordinario. ¿Estás preparado?

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